Desayunos espectaculares en una de las playas más bonitas de Brasil (y del mundo)

  • Pousada Cumelen – Beco do Serrote S/N. Jericoacoara / Ceará (Brasil)
  • Precio:38-52 euros una casita para dos personas
  • www.cumelen.com.br
  • Cómo llegar: en avión a Fortaleza. Después, 5 horas de autobús (300 kms) hasta Jijoca de Jericoacoara. Allí se coge la Jardineira, una especie de camión todoterreno con bancos corridos que atraviesa en 1 hora el mar de dunas que rodea Jericoacoara.

Por: Curri

Jericoacoara, maravilloso destino playero en el estado nordestino brasileño de Ceará, ya no es el remoto pueblecito en el culo del mundo al que llegó la electricidad en plenos años 90. Jeri (como acaba llamándola todo el mundo) ha seguido el recorrido clásico de los paraísos secretos que acaban poniéndose de moda: la descubrieron los hippies en los 70, luego llegaron los mochileros y después el boca a boca, la Lonely Planet y artículos como uno del Washington Post que la proclamó como una de las 10 playas más bonitas del mundo hicieron el resto. Yo, el día que vi Jericoacoara hace unos años en El Viajero de El País, me dije: “hasta luego Lucas, aquí va a llegar hasta el Tato…”

El caso es que ahora es uno de los destinos de kitesurf y windsurf más famosos del planeta y hasta mi ídolo Paco Nadal lo ha incluido en su blog dentro de ¡¡6 buenos destinos para ligar!! Aún así (o además de eso) Jeri sigue siendo un lugar absolutamente único y espectacularmente bonito.

Imaginaos un pueblecito de calles de arena con el siguiente entorno: de frente, el Océano Atlántico, con unas subidas y bajadas de mareas impresionantes...

A sus espaldas, un mar de dunas que nada tienen que envidiar a las del Sáhara en las que, !sorpresa!, aparecen de pronto no ya oasis de vegetación, sino impresionantes lagunas de agua dulce como la Lagoa Azul y la Lagoa do Paraiso.

Y a ambos lados, kilómetros y kilómetros de playa virgen en los que tan solo asoman de cuando en cuando windsurfistas o antiguas cabañas de pescadores.

Y a todo esto, adosada al pueblo, una duna gigantesca impresionante que convierte a Jericoacoara uno de los lugares más fotogénicos de todo Brasil:

Jericoacoara se ha puesto tan de moda que han crecido como champiñones los hoteles y pousadas con encanto. La primera vez que fui hace más de 10 años no recuerdo que hubiera ningún alojamiento de cuatro estrellas, ahora los hay a montones. Aún así, es posible dormir en un sitio bonito, tranquilo, con encanto, !barato! y además…no tener de vecinos a kitesurfistas italianos ultramegafashion.

Ese sito se llama Cumelen, una pousada preciosa en un extremo del pueblo (andando se llega en dos minutos al centro, porque es enano) en los que el mayor de los ruidos que vas a oír es el del viento, o el de un burrete, o gallinas, o un perrete de los vecinos…

Sus dueños, la argentina Dolores Marocchi, absolutamente encantadora, y su pareja, Helio, brasileño, han decorado con gusto sencillo pero exquisito las dos casitas o chalets que forman Cumelen. Son para 2 o 3 personas y tienen dos plantas. En la de abajo se encuentra la cocina y el baño y en la planta de arriba estos dormitorios en madera que no pueden ser más bonitos, además de que no les falta un detalle.

La relación calidad precio de esta pousada maravillosa es espectacular. El precio de una casa para dos personas varía entre 38 y 52 euros, con el desayuno incluido. !Y qué desayuno, por Dios! Creo que en mi vida he tomado un desayuno mejor. Brutal. Es cierto que en Brasil los desayunos suelen ser de nota, pero aquí se salen. Yogur, mermeladas, bizcochos, muffins, panes, panqueques (crepes), fiambres…Todo absolutamente casero y hecho por Dolores con sus manitas. Y además, zumos naturales y frutas tropicales a tutiplén: mango, piña, papaya, banana, sandía…En esta foto enviada por Dolores os aseguro que no hay trampa ni cartón. Todo tiene esa pedazo de pinta que veis ahí. Eso es empezar el día tocando el cielo y lo demás tonterías…

La pousada, además, está al ladito de la playa da Malhada, preciosa y  mucho más solitaria que la playa principal de Jeri, si lo que te apetece es tranquilidad.

Y de camino a la playa, igual te encuentras, como nosotros, a un capoeirista haciendo acrobacias en plan Gervasio Deferr. Y a pelo, sin trampolín ni nada…

¿Qué otras cosas se pueden hacer en Jericoacoara? Pues aparte de hincharte a hacer fotos con esos cielos espectaculares que lo mismo destacan el rojo chillón de las velas de una jangada, la barca tradicional…

…Que el azul de un Fusca, como llaman los brasileños al Wolkswagen escarabajo…

…Puedes dar clases de capoeira en la playa. Eso sí, te advierto que nunca conseguirás la flexibilidad de los capoeiristas locales. No es que tú seas un ladrillo y ellos de goma, es que llevan años y años y años practicando todos los días desde chavales.

O puedes directamente quemar la noche de Jeri (todos los días del año y hasta las tantas) con una caipiroska en la mano. Bueno, como pone en este carrito de bebidas, el que dice capiroska dice maracuyaroska, o manguiroska, o guayabaroska, o kiwiroska o uvaroska…Si te dejas caer por allí (yo que tú lo haría), ¡feliz resaca en ese paraíso alucinante de nombre impronunciable (y precioso): Jericoacoara!

 

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